El partido comenzó con una Argentina sólida en defensa y efectiva en el contraataque, marcando el ritmo con tantos de Santiago Laborde y Pedro Martínez Cami. Pese a la reacción de Brasil mediada la primera mitad de la mano de Kelvin Barros y João Santos, el conjunto nacional logró irse al descanso arriba en el marcador por 10-8.
La segunda mitad fue una batalla táctica y física infartante. Brasil empujó con agresividad buscando la remontada, apoyado en los constantes remates de Barros (máximo anotador de su equipo con 5 goles). Sin embargo, la figura colosal del arquero argentino Agustín Forlino bajó la persiana del arco albiceleste: con 17 atajadas sobre 34 remates (un deslumbrante 50% de efectividad), se convirtió en el muro impenetrable contra el que chocaron los brasileños.
En el ataque albiceleste, Pedro Martínez Cami fue una pesadilla imparable para la defensa rival, liderando el goleo del partido con 7 anotaciones. Secundado por la eficacia de Tobías Torossian (4 goles), el equipo argentino supo administrar la ventaja mínima en los minutos decisivos.
Aunque Brasil apretó hasta el cierre y descontó en el minuto 57 para ponerse 17-18, la resiliencia y templanza argentina congelaron el marcador en el tramo final. Con este triunfo vital, Argentina no solo se adueña del clásico sudamericano, sino que da un paso firme y perfecto en el torneo de Round Robin.