La puesta en escena aprovechó la arquitectura del anfiteatro —un sitio declarado Patrimonio de la Humanidad— para desplegar un show de luces, imágenes proyectadas y coreografías masivas, un espectáculo que combinó historia, arte y emoción deportiva.
Desde las gradas repletas, el público acompañó un show que reunió a miles de atletas en un cierre vibrante, marcado por coreografías luminosas, un repaso audiovisual de los mejores momentos de la competencia, el desfile de los atletas, la ceremonia de apagado de la llama olímpica y el traspaso simbólico hacia la próxima edición de los Juegos, todos envueltos en una estética que buscó celebrar la diversidad global del olimpismo y el espíritu de unión que dejó esta edición invernal.
Para la delegación argentina, la velada tuvo un matiz especial: el honor de ver a Verónica María Ravenna y Franco Dal Farra portar la bandera nacional en el desfile de cierre. La elección de Ravenna —luge— y Dal Farra —esquí de fondo—plasmó la jerarquía y experiencia del equipo nacional. Ravenna, referente indiscutida del luge argentino, con un recorrido sostenido en la elite de su deporte completó en Milano-Cortina sus terceros Juegos Olímpicos. Dal Farra, por su parte, llegó a sus segundos Juegos Olímpicos con el antecedente histórico de haberse convertido en 2025 en el primer argentino en finalizar el Tour de Ski, uno de los desafíos más exigentes del circuito mundial de esquí de fondo.
Ambos desfilaron entre aplausos y banderas celestes y blancas que se agitaban desde las tribunas, simbolizando no solo la despedida de estos Juegos, sino también el reconocimiento al esfuerzo que implica representar al país.
Mientras la llama se apagaba lentamente, Ravenna y Dal Farra se unieron al resto de la delegación argentina, sabiendo que su presencia en este escenario no solo fue un cierre, sino también un punto de partida para las futuras generaciones del deporte invernal nacional.
